A pesar de que muchos vean la reforma migratoria como algo muerto para el próximo año, el presidente del Subcomité de Inmigración del Senado, Charles Schumer (D-NY), aseguró: "estamos cerca del final", dando la impresión de que después de la reforma de salud, la inmigración será el siguiente tema clave.
En su oficina en Washington D.C., el senador demócrata de Nueva York dijo que ha trabajado arduamente en este asunto, justificando su largo silencio sobre el tema.
En el último y casi único discurso público que dio sobre inmigración en junio pasado, Schumer enfatizó que un elemento clave en las negociaciones legislativas era que "la inmigración ilegal está mal y debe acabar". Desde el principio, no habló de "indocumentados", sino de "ilegales", una palabra que causó descontento entre varios grupos de derechos civiles, pero que éstos aceptaron al iniciarse las negociaciones.
Schumer mencionó también puntos como un "control operativo de la frontera a un año de que se haya promulgado la ley; implementación de un sistema biométrico de verificación de identidad; registro obligatorio de todos los indocumentados para iniciar su regularización si quieren permanecer en el país; incentivo de la reunificación familiar en el contexto de inmigración legal; promover la captación del talento extranjero al país y crear un sistema que regule el flujo futuro de inmigrantes de manera eficiente".
Cuestionado por el rumbo de la reforma migratoria, el legislador repitió en diversas ocasiones durante el año, que se estaba trabajando duro por lograr un apoyo bipartidista, sin dar más detalles.
El apoyo al que se ha referido, es el del senador Lindsey Graham (R-SC), quien ha declarado públicamente su disposición de trabajar en una reforma migratoria